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SOCIEDAD

5 de junio de 2023

Mataron a su bebé, sospechó de la niñera, pero un perturbador detalle la condujo hacia un asesino inesperado

La tarde del 22 de agosto de 2017, un llamado interrumpió la rutina habitual de Lucrecia Piñeiro.

Pensaba volver a su casa y reencontrarse con Pedro, de apenas tres meses, cuando una voz en la otra línea reclamó su presencia urgente en la guardia del Hospital de Río Cuarto. El bebé había muerto.

“Mi hijo era sano y estaba súper controlado. Nunca creí que pudiera haber sido una muerte natural”, cuenta la mamá. Esa sospecha comenzó a invadirla en medio del trance, cuando todavía trataba de asimilar lo ocurrido. Entonces, una asistente social del centro de salud les informó a Lucrecia y a su expareja, Gonzalo Gambero, que Pedrito presentaba signos de violencia y que debían denunciarlo a la Policía.

“Nos dijo que mi hijo tenía el ‘Síndrome del Bebé Sacudido’”, menciona Lucrecia a TN. El cuerpito del bebé no presentaba golpes externos y los diagnósticos iniciales sugerían una posible muerte súbita, lo cual fue descartado a partir de estudios que determinaron la presencia de un hematoma subdural, edema cerebral y hemorragia de retina en ambos ojos.

Pedrito tenía tres meses. La Justicia determinó que fue víctima del Síndrome del Bebé Sacudido. (Foto: Lucrecia Piñeiro)

Los músculos del cuello del bebé son débiles y la cabeza es grande y pesada. Cuando una criatura es sacudida violentamente, su cerebro puede saltar para adelante y para atrás dentro del cráneo y sufrir contusiones, hinchazón y hemorragia, provocándole daños cerebrales graves de forma permanente o, incluso, la muerte.

La mamá de pedrito espera justicia desde hace casi seis años. (Foto: Lucrecia Piñeiro)

“No me entraba en la cabeza que hubiese sido el padre”

El Síndrome del Bebé Sacudido (SBS) suele aparecer cuando la persona encargada de cuidarlo se altera, pierde el control y lo sacude de manera violenta al escucharlo llorar. Aquella tarde, Pedro se había quedado con su padre. El hombre se percató de que el bebé estaba desvanecido y con los labios morados. Lo cargó en brazos y corrió al hospital, donde los médicos no pudieron salvarlo.

Además del padre y la madre, una tercera persona solía pasar tiempo con el bebé: la niñera. “Al principio yo estaba totalmente shockeada. No podía pensar. Y lo primero que sospeché fue que había sido ella, porque no me entraba en la cabeza que hubiese sido el padre”, sitúa Lucrecia, y agrega: “Con él ya nos veníamos llevando mal. No fui víctima de violencia (física), aunque sí me manipulaba con el dinero”.

“Yo había vuelto a trabajar y él (Gambero) hacía un mes que lo cuidaba. Empecé a notar algunas incongruencias en su versión. Por ejemplo, él no quería hablar de mi bebé y mi hija mayor (tenía 2 años y medio cuando murió el bebé) lo rechazaba”, acota, y sigue: “Actuaba como si nada hubiera pasado, mientras yo me estaba desarmando de dolor”.

Sus sospechas fueron confirmadas seis meses después por un estudio interdisciplinario firmado por siete médicos forenses del Poder Judicial. “La junta médica determinó que mi hijo había muerto por el Síndrome del Bebé Sacudido, que las lesiones que le provocaron la muerte eran muy recientes, y que además había otros antecedentes de lo mismo”, detalla la mamá, y concluye: “El padre lo zamarreó hasta matarlo”.


Seis años sin justicia

Javier Di Santo, a cargo de la Fiscalía de Instrucción y Familia N° 2 de Río Cuarto, imputó entonces a Gambero por lesiones graves calificadas reiteradas y homicidio calificado por el vínculo. El acusado pasó dos meses preso, hasta que el juez Emilio Andruet, luego de considerar que no existía riesgo de fuga ni de entorpecimiento de la investigación, decidió liberarlo.

Corría el año 2018 y el fiscal pidió la elevación a juicio de la causa, pero los defensores del imputado solicitaron nuevas medidas de prueba y lograron dilatar el proceso. En 2020, el caso tuvo un giro cuando el juez de Control subrogante, Mariano Correa, dictó la falta de mérito para Gambero y consideró que también debían ser investigadas la madre y la niñera de la víctima.

En septiembre de 2022 llegó un segundo pedido de elevación a juicio, esta vez a cargo de Daniel Miralles, de la Fiscalía Número 4 de Turno de Río Cuarto. Llegó a la misma conclusión que Di Santo: que no se trató de un accidente, sino que el padre lo sacudió y debió representarse que eso podría provocar la muerte del pequeño.

Gambero, entonces, denunció al fiscal por una presunta extorsión. “Quería que yo me presentara como (autor de homicidio) culposo, que dijera que había acontecido sin querer, para darle un cierre a la causa”, acusó.

En simultáneo, sus abogados cuestionaron aspectos del acta de la junta médica y presentaron un informe que sugería la posibilidad de que el pequeño sufriera algún problema congénito que pudo haber sido determinante en su muerte. “No me voy a declarar culpable porque soy inocente”, dijo.

La causa está hoy en manos del juez de control Diego Ortiz, quien pidió la elevación a juicio bajo la misma acusación: lesiones graves calificadas reiteradas y homicidio calificado por el vínculo, delito que prevé prisión perpetua y que implicaría la conformación de un jurado popular para dirimir la responsabilidad de Gambero. La Cámara N°1 debe poner fecha. “Espero que sea antes de fin de año. Quiero que se haga el juicio, que se sepa la verdad y luego la Justicia determinará”, es el reclamo de Lucrecia.

“Perder a un hijo es terrible para cualquiera. Perderlo por una situación de violencia por parte de la persona que menos te imaginás, es una tragedia que me acompañará el resto de mi vida”, amplía la mamá, y concluye: “Todos los días me acuerdo de Pedro y pienso que debería estar conmigo. Me sacaron el derecho de verlo crecer”.Pensaba volver a su casa y reencontrarse con Pedro, de apenas tres meses, cuando una voz en la otra línea reclamó su presencia urgente en la guardia del Hospital de Río Cuarto. El bebé había muerto.

“Mi hijo era sano y estaba súper controlado. Nunca creí que pudiera haber sido una muerte natural”, cuenta la mamá. Esa sospecha comenzó a invadirla en medio del trance, cuando todavía trataba de asimilar lo ocurrido. Entonces, una asistente social del centro de salud les informó a Lucrecia y a su expareja, Gonzalo Gambero, que Pedrito presentaba signos de violencia y que debían denunciarlo a la Policía.

“Nos dijo que mi hijo tenía el ‘Síndrome del Bebé Sacudido’”, menciona Lucrecia a TN. El cuerpito del bebé no presentaba golpes externos y los diagnósticos iniciales sugerían una posible muerte súbita, lo cual fue descartado a partir de estudios que determinaron la presencia de un hematoma subdural, edema cerebral y hemorragia de retina en ambos ojos.

Pedrito tenía tres meses. La Justicia determinó que fue víctima del Síndrome del Bebé Sacudido. (Foto: Lucrecia Piñeiro)

Los músculos del cuello del bebé son débiles y la cabeza es grande y pesada. Cuando una criatura es sacudida violentamente, su cerebro puede saltar para adelante y para atrás dentro del cráneo y sufrir contusiones, hinchazón y hemorragia, provocándole daños cerebrales graves de forma permanente o, incluso, la muerte.

La mamá de pedrito espera justicia desde hace casi seis años. (Foto: Lucrecia Piñeiro)

“No me entraba en la cabeza que hubiese sido el padre”

El Síndrome del Bebé Sacudido (SBS) suele aparecer cuando la persona encargada de cuidarlo se altera, pierde el control y lo sacude de manera violenta al escucharlo llorar. Aquella tarde, Pedro se había quedado con su padre. El hombre se percató de que el bebé estaba desvanecido y con los labios morados. Lo cargó en brazos y corrió al hospital, donde los médicos no pudieron salvarlo.

Además del padre y la madre, una tercera persona solía pasar tiempo con el bebé: la niñera. “Al principio yo estaba totalmente shockeada. No podía pensar. Y lo primero que sospeché fue que había sido ella, porque no me entraba en la cabeza que hubiese sido el padre”, sitúa Lucrecia, y agrega: “Con él ya nos veníamos llevando mal. No fui víctima de violencia (física), aunque sí me manipulaba con el dinero”.

“Yo había vuelto a trabajar y él (Gambero) hacía un mes que lo cuidaba. Empecé a notar algunas incongruencias en su versión. Por ejemplo, él no quería hablar de mi bebé y mi hija mayor (tenía 2 años y medio cuando murió el bebé) lo rechazaba”, acota, y sigue: “Actuaba como si nada hubiera pasado, mientras yo me estaba desarmando de dolor”.

Sus sospechas fueron confirmadas seis meses después por un estudio interdisciplinario firmado por siete médicos forenses del Poder Judicial. “La junta médica determinó que mi hijo había muerto por el Síndrome del Bebé Sacudido, que las lesiones que le provocaron la muerte eran muy recientes, y que además había otros antecedentes de lo mismo”, detalla la mamá, y concluye: “El padre lo zamarreó hasta matarlo”.


Seis años sin justicia

Javier Di Santo, a cargo de la Fiscalía de Instrucción y Familia N° 2 de Río Cuarto, imputó entonces a Gambero por lesiones graves calificadas reiteradas y homicidio calificado por el vínculo. El acusado pasó dos meses preso, hasta que el juez Emilio Andruet, luego de considerar que no existía riesgo de fuga ni de entorpecimiento de la investigación, decidió liberarlo.

Corría el año 2018 y el fiscal pidió la elevación a juicio de la causa, pero los defensores del imputado solicitaron nuevas medidas de prueba y lograron dilatar el proceso. En 2020, el caso tuvo un giro cuando el juez de Control subrogante, Mariano Correa, dictó la falta de mérito para Gambero y consideró que también debían ser investigadas la madre y la niñera de la víctima.

En septiembre de 2022 llegó un segundo pedido de elevación a juicio, esta vez a cargo de Daniel Miralles, de la Fiscalía Número 4 de Turno de Río Cuarto. Llegó a la misma conclusión que Di Santo: que no se trató de un accidente, sino que el padre lo sacudió y debió representarse que eso podría provocar la muerte del pequeño.

Gambero, entonces, denunció al fiscal por una presunta extorsión. “Quería que yo me presentara como (autor de homicidio) culposo, que dijera que había acontecido sin querer, para darle un cierre a la causa”, acusó.

En simultáneo, sus abogados cuestionaron aspectos del acta de la junta médica y presentaron un informe que sugería la posibilidad de que el pequeño sufriera algún problema congénito que pudo haber sido determinante en su muerte. “No me voy a declarar culpable porque soy inocente”, dijo.

La causa está hoy en manos del juez de control Diego Ortiz, quien pidió la elevación a juicio bajo la misma acusación: lesiones graves calificadas reiteradas y homicidio calificado por el vínculo, delito que prevé prisión perpetua y que implicaría la conformación de un jurado popular para dirimir la responsabilidad de Gambero. La Cámara N°1 debe poner fecha. “Espero que sea antes de fin de año. Quiero que se haga el juicio, que se sepa la verdad y luego la Justicia determinará”, es el reclamo de Lucrecia.

“Perder a un hijo es terrible para cualquiera. Perderlo por una situación de violencia por parte de la persona que menos te imaginás, es una tragedia que me acompañará el resto de mi vida”, amplía la mamá, y concluye: “Todos los días me acuerdo de Pedro y pienso que debería estar conmigo. Me sacaron el derecho de verlo crecer”.



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