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OPINIÓN

27 de diciembre de 2023

El tiempo perentorio de los ajustadores pende de un hilo

“El neoliberalismo es un intento de propagar la desigualdad argumentando que no hay alternativas. Pero las hay”. Immanuel Wallerstein.

“Un derecho no es algo que alguien te da; es algo que nadie te puede quitar”. Ramsey Clark, ex fiscal general de los Estados Unidos.

 

 

 

“Para que todos juntos, trabajadores, estudiantes, hombres de todas las ideologías, de todas las religiones, con nuestras diferencias lógicas, sepamos unirnos para construir una sociedad más justa, donde el hombre no sea lobo del hombre, sino su compañero y su hermano”. Agustín Tosco.

 

 

 

La desesperanza cunde en el pueblo argentino, es cierto, recorre con prisa las conciencias, las cabezas de la dirigencia dubitativa, el desconcierto se instala cómodo, sin embargo, como demostró el sabio “se mueve”, se mueve abajo la bronca social, como siempre, según nos explican algunos sociólogos y también viejos y curtidos militantes peronistas.

 

Esa prisa de la que hablamos tiene que ver con los eternos ajustadores neoliberales, saben de sobra que el tiempo para lograr cuanto se disponen a realizar por medio del principal mecanismo de funcionamiento de la economía capitalista, cual es el ajuste perpetuo y no otro, sobre las espaldas sufrientes del pueblo, es variable, inestable, volátil e imprevisible.

 

Las nuevas dirigencias auténticas del pueblo aún no se visualizan, sin embargo, el contexto favorable para expresarse, para emerger, en fin, que los ha de parir, está en plenitud. Porque como afirmó Pierre Bourdieu “Mientras hay lucha hay historia, es decir, esperanza”.

 

La prisa de los ajustadores se explica por la necesidad de imponer los famosos y repugnantes Decretos de urgencia y necesidad-DNU-En verdad se describe, se desnuda, se delatan a sí mismos: Ellos son los que tienen necesidad y urgencia de aplicar ese decreto.  El tiempo perentorio de los ajustadores pende de un hilo porque saben de sobra que el letargo de conciencia organizativa del pueblo, contra esa medida no tardará en desarrollarse.

 

Pero también pende sobre las cabezas de los ajustadores un helicóptero de huida al estilo del ex presidente Fernando de la Rúa.

 

Toda la bibliografía sobre esta temática que ilustra sobre los estallidos sociales, los motines, las revueltas, las broncas organizadas, sobre las rebeliones populares en Argentina, más allá de sus diferencias conceptuales, cumplen aquello de que “a toda acción, una reacción”, se cumple inexorablemente, pero, claramente, cuanto menos nosotros ignoramos cuándo comenzará la rebelión popular en Argentina.

 

La crisis de la Argentina es de carácter económico-financiero, pero también es social y político.

 

Los eternos ajustados, los pobres y marginados, sumado ahora la clase media, más temprano que tarde empezaran un proceso de educación política que nutrirá sus conciencias.

 

Una y otra vez desde hace tiempo se renueva aquella clarividente consigna: “Sólo el pueblo salvará al pueblo”, siempre y cuando se organice y dirija su fuerza contenida estratégica y tácticamente.

 

Mientras tanto, la utopía de un mundo mejor es la mejor opción porque mantiene la esperanza. Sabemos que sin esperanza y alegría no se puede construir un mundo cooperativo.

 

¡En la fraternidad, un abrazo cooperativo!



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