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ECONOMÍA

9 de enero de 2024

El dato que tiene preocupados a los expertos: ¿Vuelve a subir la carne?

Si se considera al precio de la carne como un indicador que adelanta el nivel de inflación, entonces es probable que el dato del IPC que se dará a conocer esta semana marque un máximo de dos décadas, porque en las estimaciones preliminares de diciembre acumuló una suba de 41,2%.

Se trata de un rubro que tiene una alta ponderación en la canasta de bienes y servicios del Indec. Y por eso, de su variación depende, en buena medida, la cifra que finalmente arrojará el rubro de alimentos y bebidas, y el promedio del IPC.

En la medición que semanalmente realiza la consultora LCG para los productos de la canasta alimentaria, la carne tuvo un crecimiento explosivo en diciembre, superando al promedio de los alimentos -un acumulado de 35,4% en el último mes del año-.

Lo que sorprendió a los expertos del área es el hecho de que, pese a semejante disparada de precios, se mantuvo relativamente estable el nivel de consumo por parte del mercado interno, que prefirió relegar otros rubros para no bajar drásticamente su ingesta de carne vacuna. Lo cual, claro no significa que vean margen como para que se siga convalidando un sendero ascendente en las carnicerías.

"El consumo, en medio de la crisis, viene mostrando una firmeza notable, con una disminución porcentual de la ingesta bien inferior al aumento registrado en términos porcentuales en los precios reales al mostrador. Un caso de marcada inelasticidad de la demanda", apunta el influyente consultor Ignacio Iriarte.

El nivel de consumo a fin de año, según el último dato publicado por la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes (Ciccra) fue de 53,4 kilos anuales por habitante. Lo cual, si bien implica una mejora respecto del mínimo récord registrado en 2021 -cuando se tocó el piso de 48,6 kilos- todavía representa un número bien alejado del promedio histórico.

  Alerta por el precio de la carne: pese al explosivo aumento de precios, comienza a caer la producción El ciclo económico de la ganadería está en un punto de inflexión, con un marcado aumento de la retención de animales tras la sequía   Carne: ¿habrá una tregua de verano?  

Lo cierto es que la carne, durante el año pasado, tuvo dos ciclos bien diferenciados: uno hasta agosto, cuando los aumentos fueron bien inferiores al nivel de la inflación -ese mes, el asado  subió 2,8%, frente a un IPC de 6,3%- y luego otro, en el que el nivel de aumentos de la carne llegó a casi triplicar la inflación promedio.
 

Lo que explicó este punto de quiebre fue el efecto de la sequía sobre el negocio ganadero. Ante la falta de pasturas y el encarecimiento de los forrajes, los productores decidieron enviar a faena un número de animales superior al habitual, lo cual generó el exceso de oferta que mantuvo los precios relativamente bajos en la primera mitad del año, publica este lunes iProfesional.   Pero luego, como siempre ocurre en esos ciclos, empezó a notarse la retención, cuando los criadores empezaron a recomponer su stock, en coincidencia con el regreso de las lluvias.

¿En qué situación está ahora la carne? A juzgar por los primeros números del año, enero podría ser un mes con menores aumentos: en la primera semana, los precios en las carnicerías volvieron a registrar variaciones levemente menores al promedio de los alimentos: un 4,4% contra 4,6%, según la medición de LCG.

Por cierto que no alcanza para afirmar que se trate de un quiebre de tendencia, pero se trata de un cambio respecto de la tónica de diciembre, cuando la carne se había transformado en uno de los principales impulsores de la inflación.


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