No podemos dejar que esto quede impune

El dolor y lucha de la familia de Gisel Mendoza.

No podemos dejar que esto quede impune

A un mes del brutal femicidio de Gisel Mendoza, su familia, acompañada de amigos y agrupaciones sociales, marchó esta mañana desde la peatonal Rivadavia hasta el Palacio de Tribunales para presentar formalmente una querella en la causa y reclamar justicia y la pena máxima para el único acusado.

«Hoy convocamos la marcha, para poder pedir justicia y para presentar una querella. Lo que estamos pidiendo es la pena máxima, que no quede impunidad y que se haga justicia. Para eso estamos», afirmó Hilario Mendoza, padre de la víctima.

Esta es la tercera movilización que la familia y la comunidad organizan desde que Gisel fuera hallada sin vida en un descampado del barrio San Antonio. El reclamo apunta a obtener cadena perpetua para Leguizamón. «Todavía no tenemos el resultado de la autopsia», detalló Mendoza durante la manifestación.

Gisel Mendoza dejó tres hijos —dos niñas y un varón—, que ahora se encuentran al cuidado de su padre biológico, ya que la víctima estaba separada de él desde hacía un tiempo. «Estamos constantemente en contacto y están siendo asistidos por los psicólogos», confirmó.

Un final anunciado y los últimos momentos de Gisel

Hilario Mendoza recordó el calvario que vivió su hija en manos del femicida, describiéndolo como una persona violenta «pero no lo demostraba frente a mí, frente a los amigos de mi hija, pero sí que tuvimos conocimiento a través de Gisel», reveló, explicando que «por eso fue la separación» que había ocurrido tres meses antes del crimen.

El relato sobre cómo encontraron el cuerpo de Gisel es estremecedor. «La encontramos boca para abajo, ensangrentada. Tenía una piedra que le ocasionó justamente un traumatismo de cráneo. Primero la había asfixiado y tenía un palo en la boca», narró el padre con dolor. «Tenía una pequeña marca, su camisa estaba rota. Se ve que ella trató, quiso defenderse», agregó, evidenciando los signos de una lucha previa. «A Gisel la llevó engañado», dijo Hilario Mendoza.

Por su parte, Celeste, amiga de la infancia de Gisel, sostuvo que «ella era una buena persona, nunca hacía nada malo, pero él la perseguía y la maltrataba. Era muy celoso». 

«Él vivía en la casa de ella, cuando se peleaban se iba, pero volvía a la semana pidiéndole perdón», relató mientras llevó un fuerte mensaje para todas las mujeres que son víctimas de violencia de género: «No aguanten, hagan la denuncia y hablen para que no terminen como Gisel porque fue muy feo lo que vivió». 

La frialdad del acusado es otro de los puntos que destaca la familia, recordando que fue él quien denunció la supuesta desaparición. La última vez que Hilario vio a Gisel con vida, nada hacía prever el fatal desenlace. “Estuvo con mi señora en la mañana tomando unos mates. La notamos feliz y nos dijo ‘qué hermosa siesta voy a descansar’, pero la llamaron a las 11 para venir para encontrarse supuestamente con un familiar de la asesina”.

Ahora, mientras la familia espera que la justicia admita la querella y avance en el proceso, la comunidad sostiene un único y contundente reclamo, el cual, expresado en carteles, resuena en el Poder Judicial: «Justicia por Gisel».

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