Editado por “El Mono armado” (CABA), “Y, de pronto, Bolivia” es el último libro del escritor Juan Páez presentado recientemente en el Instituto Superior Privado “Robustiano Macedo Martínez”, con la participación de docentes, estudiantes y público en general.

La presentación estuvo a cargo de la magister Susana Ríos, quien admitió que “me gusta pensar en el autor como un orfebre del lenguaje, engarzando sutilmente cada palabra lo que demuestra su oficio de escritor”.
A propósito de la nueva producción literaria de Páez, remarcó que “el yo lírico recorre territorios de frontera, de asombro, de incertidumbre. En algunos versos aparece, la inocente mirada de un niño, que contrasta con la mirada crítica. Para quienes vivimos en territorio de frontera el escenario suena familiar”.
Por su parte, el autor comentó que “estructuré el poemario en torno a cuatro puntos geográficos de Bolivia y, al mismo tiempo, tracé un recorrido que va de la infancia a la adultez, con la presencia de juguetes que dan cuerpo a los recuerdos. Para este proyecto logré formar un equipo de trabajo increíble, con personas de Rosario, Córdoba y Buenos Aires”.
Aclaró que “a diferencia de la prosa, cuya línea suele ser unidireccional, con el poema busqué recuperar la plasticidad que tiene el lenguaje, sacarlo de su finalidad instrumental. Devolverle su libertad polisémica.
Fue la posibilidad de trabajarlo también con la visualidad. Desde el plano de la composición formal, me sirvió como referencia la propuesta enunciativa del Lazarillo de Tormes, particularmente por su apuesta a la polifonía”.
“Me interesó explorar la plasticidad de las palabras. Por ejemplo, en uno de los poemas imagino cómo quedarían las letras en el suelo después de arrojar esas palabras al aire y, ya en la escritura, busqué conservar esa disposición sobre la hoja en blanco. En otro, mimar el movimiento de las polleras de las cholas”, precisó.
Páez indicó que “retomé la dimensión de lo lúdico, porque el libro también recupera aquellos juegos en los que había que descubrir una imagen uniendo números. Los signos de puntuación ocupan un lugar central y aparecen desplazados de su uso convencional: los puntos, los signos de interrogación. En algunos poemas breves, los signos de interrogación están ubicados en los extremos de la página para que cualquier afirmación pueda convertirse en una pregunta. Más preguntas y menos aseveraciones”.