«Un modelo pedagógico que fortalece la autonomía de los estudiantes, alivia la dinámica familiar y busca elevar la calidad de los aprendizajes»
En una concurrida reunión con las familias de los alumnos de 5° “D” y 5° “C” de la EPEP N.º 532 “Dr. René Favaloro”, turno tarde, realizada con motivo de la entrega de libretas escolares, el docente José Yorg ratificó la aplicación del proyecto pedagógico “Estudiar en clase para estudiar en casa”, una propuesta que procura modificar de manera sustancial la relación entre escuela, estudiante y familia.

La iniciativa parte de una premisa concreta: la escuela debe enseñar no solamente qué estudiar, sino también cómo estudiar, de modo que el alumno pueda progresivamente construir autonomía y desarrollar un hábito de estudio que no dependa permanentemente de la asistencia de un adulto.
Durante el encuentro, Yorg expuso las dificultades que atraviesan cotidianamente los procesos de enseñanza y aprendizaje, particularmente aquellas situaciones de inconducta que interrumpen la dinámica del aula y obligan a destinar un tiempo considerable a recuperar las condiciones necesarias para enseñar.
“Luego de exponer las dificultades de inconducta que presentan algunos alumnos y que conspiran contra el aprendizaje, porque se pierde un tiempo considerable en recuperar el clima óptimo del aula, se produjo un debate abierto, respetuoso y muy enriquecedor con las familias”, explicó Yorg.
El docente señaló que «existe coincidencia en reconocer que los educandos son niños atravesados por constantes cambios psicofísicos y que necesitan paciencia, afecto, estímulo y acompañamiento. Sin embargo, sostuvo que detrás de muchas de las dificultades observadas aparece un problema pedagógico específico: la ausencia de un hábito sistemático de estudio».
“Reconocimos que una de las mayores debilidades radica en la falta de hábito de estudio. Por eso ratifiqué ante las familias la necesidad de que nos acompañen en la aplicación del proyecto ‘Estudiar en clase para estudiar en casa’”, manifestó.
El aula como laboratorio de aprendizaje
El proyecto propone un cambio de concepción sobre el uso del tiempo escolar. El aula no debe limitarse a transmitir contenidos: debe convertirse en un espacio donde el estudiante aprenda a estudiar, a comprender, a organizar la información y a construir progresivamente sus propios procedimientos de aprendizaje.
En ese sentido, la propuesta incorpora dentro de la jornada escolar momentos destinados al ejercicio de técnicas de estudio, entre ellas la comprensión lectora, la identificación de ideas principales, la elaboración de síntesis y la construcción de mapas conceptuales.
La lógica es contundente: el alumno no debería llevar a su casa una tarea que todavía no sabe cómo resolver.
“Queremos que el estudiante salga de la escuela habiendo comprendido los conceptos fundamentales y con herramientas concretas para continuar estudiando en su hogar”, explicó Yorg.
El aula pasa así a funcionar como una verdadera “caja de herramientas”, donde el niño aprende procedimientos que luego podrá utilizar de manera autónoma.
“Aprender a aprender” desde la práctica
“En definitiva, buscamos que los chicos aprendan a aprender”, sintetizó Yorg.
La expresión no constituye para el docente una consigna abstracta, sino una orientación práctica: cada estudiante debe avanzar en la construcción de su propio hábito de estudio.
Para ello, el docente asume un papel activo en la resolución de dudas, la orientación de los procedimientos y la recuperación de los contenidos que presenten mayores dificultades.
El debate, la explicación, la lectura, la síntesis y la revisión colectiva se convierten así en herramientas para que el alumno pueda apropiarse efectivamente de lo aprendido antes de continuar su proceso fuera de la escuela.
Familias como acompañantes, no como docentes particulares
Uno de los aspectos que mayor interés despertó entre las familias fue la delimitación de responsabilidades entre la escuela y el hogar.
El proyecto procura evitar que las familias deban transformarse, durante la noche, en una extensión improvisada del aula o en docentes particulares de sus propios hijos.
El papel de los padres y adultos responsables se orienta fundamentalmente al acompañamiento emocional y organizativo: favorecer un ambiente adecuado, colaborar en la construcción de rutinas y horarios de estudio y estimular la responsabilidad del niño.
La enseñanza de los contenidos y de los procedimientos pedagógicos corresponde a la escuela; la progresiva apropiación de esos procedimientos corresponde al estudiante; y la familia acompaña ese proceso desde el hogar.
“Necesitamos que la familia acompañe, pero no que reemplace a la escuela. El niño debe aprender a estudiar y asumir progresivamente la responsabilidad sobre su propio aprendizaje”, sostuvo Yorg.
Un cambio que pone el aprendizaje en el centro
La ratificación del proyecto ante las familias reafirma una concepción pedagógica que coloca en el centro el aprendizaje efectivo, la autonomía del estudiante y la responsabilidad compartida entre escuela, alumno y familia.
La propuesta busca producir un triple efecto: mejor aprovechamiento del tiempo escolar, construcción progresiva del hábito de estudio y disminución de la carga académica que muchas veces recae sobre las familias en el hogar.
En palabras de Yorg, se trata de algo más profundo que una modificación de las tareas escolares:
“No se trata simplemente de mandar menos tarea a casa. Se trata de enseñar en la escuela cómo estudiar, para que el niño pueda estudiar en casa con autonomía.”
Con esta perspectiva, “Estudiar en clase para estudiar en casa” se presenta como una intervención pedagógica orientada a recuperar el sentido formativo del aula: que la escuela no solamente enseñe contenidos, sino que forme estudiantes capaces de aprender por sí mismos.