“No hay mejor prueba del progreso de la civilización que el progreso del poder de cooperación”. John Stuart Mill.
“Porque no alcanza con denunciar el mundo que nos destruye: debemos organizarnos para construir el mundo que necesitamos”.
¡Por una Revolución Cooperativa que ponga la economía al servicio de la vida, la dignidad y la emancipación de los pueblos!

Necesita recuperar la confianza en su capacidad de construir un proyecto nacional de desarrollo con justicia social, democracia económica, soberanía y solidaridad.
El desafío no consiste simplemente en resistir las políticas de un gobierno. Consiste en construir una fuerza social organizada que haga posible una alternativa.
La Revolución Cooperativa no es una consigna decorativa ni una evocación romántica de los Pioneros de Rochdale. Es una perspectiva histórica que debe adquirir contenido político, económico, pedagógico y cultural.
Frente a la deshumanización, cooperación. Frente a la fragmentación, organización. Frente a la concentración de la riqueza, democracia económica. Frente a la resignación, conciencia y protagonismo popular.
¡No aceptamos que la economía valga más que la vida! ¡No aceptamos que la dignidad humana sea una variable de ajuste! ¡No aceptamos que la solidaridad sea presentada como un obstáculo al progreso!
La revolución cooperativa: Una respuesta histórica y política
Frente a semejante panorama de destrucción económica y humana, recuperamos una tesis que consideramos fundamental: la Revolución Industrial capitalista engendró, desde sus propias contradicciones, la Revolución Cooperativa.
Cuando la explotación del trabajo y la concentración de la riqueza sometieron a los trabajadores a condiciones de vida inhumanas, surgieron experiencias de asociación, ayuda mutua y organización económica colectiva.
Los Pioneros de Rochdale expresaron históricamente esa búsqueda de una alternativa fundada en la cooperación, la democracia económica y la responsabilidad compartida.
Pero la experiencia cooperativa no puede quedar reducida a un recuerdo histórico, ni limitarse a administrar empresas que sobreviven dentro de un sistema que reproduce desigualdades. Hoy necesitamos recuperar su dimensión transformadora.
Revolución cooperativa significa modificar las relaciones económicas y sociales sobre la base de la cooperación, la participación democrática, la distribución equitativa de la riqueza y la centralidad de la persona humana.
No se trata de sustituir una empresa capitalista por otra de nombre cooperativo. Se trata de construir una cultura económica diferente, donde el trabajo no sea una mercancía descartable, donde la producción responda a necesidades sociales y donde las decisiones económicas no estén reservadas exclusivamente a quienes concentran el capital.
La responsabilidad histórica del movimiento cooperativo
Debemos decirlo con claridad: el movimiento cooperativo no puede permanecer indiferente ante el sufrimiento social ni conformarse con defender sus propias estructuras institucionales.
La neutralidad frente a procesos que deterioran las condiciones de existencia de las mayorías termina favoreciendo la continuidad de aquello que se dice combatir.
Las cooperativas, mutuales, federaciones, confederaciones y organizaciones de la economía social tienen una responsabilidad histórica: constituirse en protagonistas de una respuesta organizada.
Esto exige superar la fragmentación sectorial, fortalecer la integración económica, desarrollar cadenas productivas cooperativas, impulsar el consumo organizado, defender el trabajo digno y promover la educación cooperativa como instrumento de conciencia y transformación.
También exige combatir la utilización instrumental de la figura cooperativa, porque una organización que no practica la democracia interna, la participación y la solidaridad efectiva contradice su propia razón de ser.
No alcanza con reivindicar los principios cooperativos en los documentos institucionales. Hay que convertirlos en práctica social y política.
¡En la fraternidad, un abrazo cooperativo!