Las salidas de Guillermo Francos y Lisandro Catalán llegaron apenas 24 horas después de la reunión de los mandatarios con el Presidente en la Casa Rosada. Sorpresa e inquietud en las provincias.

Del deshielo con los gobernadores a los portazos
El scrum de Patricia ocurrió en la antesala de la cena que el Presidente compartió en la quinta de Olivos con Mauricio Macri. Precisamente, mientras ambos comensales se sentaban a la mesa, llegaron los tuits de los ministros anunciando sus salidas. A través de esa misma vía -las redes sociales- también se enteraron los gobernadores. Varios de ellos, de distintas escuderías políticas, se mostraron sorprendidos.
La situación es delicada. Apenas 24 horas antes, el Presidente inauguró su fase diplomática mancomunando a su Gabinete en pleno con 20 de los 24 caciques. Allí les presentó las reformas previsional, fiscal y del Código Penal y les brindó detalles sobre el Presupuesto 2026, una agenda ambiciosa que el Gobierno busca pasar por el Congreso sin sobresaltos. También escuchó pedidos por obra pública, impuesto a los combustibles y cajas jubilatorias.
Todos los participantes salieron del cónclave ponderando la voluntad de diálogo expresada en el mismo, ante la imagen de un Presidente «de buen humor» y «humilde». Sin embargo, las partidas de los dos interlocutores centrales con las provincias dejan a las buenas sensaciones en el aire.
Guillermo Francos fungió como una pieza clave para la ingeniería libertaria, ya que se encargó de lidiar con un Congreso y un ecosistema político por lo menos ajenos. Casi cumple los dos años en el Gobierno. Comenzó como ministro del Interior y en junio del año pasado, cuando Milei degradó el ministerio a secretaría, fue ascendido a jefe de Gabinete. Consumada la derrota libertaria el 7 de septiembre en la provincia de Buenos Aires, el Presidente volanteó y restauró la cartera encargada del vínculo con los gobernadores. Al frente puso a Lisandro Catalán, mano derecha de Francos.

El dirigente tucumano mostró dotes. Tanto su mano como la del ala política de la Casa Rosada comenzó a verse. Por ejemplo, en el Congreso, pudieron contener el tsunami de derrotas que sesión a sesión se acumulaba para el Gobierno y lograron, por goteo, respaldos de mandatarios que otrora aliados, que destacaron su designación como un guiño. No llegó a los dos meses en el cargo.
«Se portan como si hubieran perdido las elecciones, es inexplicable», masticó incrédulo un dirigente una provincia que supo celebrar la voluntad de diálogo expresada 24 horas. Desde el peronismo, otra voz se mostró sorprendida y hasta con algo de sorna. «Nosotros somos los que tendríamos que tener los quilombos», reflexionó.
Las renuncias llegaron casi a la par de que Javier Milei anunciara que saldrá a la ruta y visitará, junto a su Gabinete, dos provincias por mes. Esa idea ya la había implementado Alberto Fernández, quien buscó convertir a ciudades por fuera del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) en capitales itinerantes.
De base se sabe que Manuel Adorni, hoy vocero presidencial y legislador electo por la Ciudad de Buenos Aires, ocupará la silla que dejó vacante Francos. Respecto al lugar de Catalán, cunde el misterio. El dirigente es presidente La Libertad Avanza (LLA) en Tucumán, distrito donde perdió por casi 15 puntos con el peronismo, aunque logró empatar la cantidad de diputados electos: dos cada uno.
A largo plazo, el hoy exministro sería la espada libertaria para disputarle la provincia al gobernador Osvaldo Jaldo, quien se pintó la cara de opositor y encolumnó a todas las tribus del PJ detrás de su candidatura testimonial. La moneda está en al aire y todo parecería indicar que no habrá que esperar al lunes para que haya más movimientos en el oficialismo. Empieza un fin de semana agitado. (ambito)